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7828 Ridgeway
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Acerca
de MCB
1987 fue un año inolvidable en nuestra relación con Dios porque tuvimos un reencuentro con Él, o lo que yo llamo, "una experiencia con el Señor en el monte de la transfiguración". Este evento marcó la diferencia en nuestra vida, nuestro ministerio y nuestra familia. ¿Y por qué digo que fue un reencuentro? ¿Acaso mi familia y yo nos habíamos alejado de la voluntad de Dios? ¿O habíamos renunciado al llamado del Señor? ¿O tal vez no estábamos dando el testimonio que Dios pide de cada uno de sus hijos? Nada de eso. Nuestra vida siempre ha estado dedicada al ministerio de Dios. Ese año, 1987, como nunca antes, estábamos muy involucrados en la obra a la cual el Señor nos llamó. Para entonces Gladys, mi esposa, coordinaba el programa de "padrinos" de Ministerios de Compasión de nuestra denominación para Perú, Bolivia y Chile; y yo, además de ser director y profesor del Seminario Bíblico de Chile, era pastor con todas las responsabilidades que conlleva ese ministerio. Aún así, tuvimos un reencuentro con Dios. El Señor sabía que necesitábamos de esa experiencia para conocerlo mejor, para que nuestra relación con Él no fuera sólo "religiosa" o "ministerial" sino muy personal e íntima. Lo que aprendí ese año es que "una teología o doctrina cristiana sin experiencia", es tan vana como una "fe sin obras". Necesitaría escribir un libro para relatar las situaciones que nos llevaron a ese momento cuando fuimos sorprendidos por Dios, nuestro Creador. Sin embargo, puedo enumerar brevemente aqui algunos resultados de ese reencuentro con el Señor:
A las pocas semanas de esa experiencia con el Señor, llegó a nuestras manos una invitación para inscribirnos en un Seminario de Consejería Bíblica, auspiciado por la Universidad de las Naciones. Puesto que había tenido estudios y entrenamiento en el ministerio de consejería matrimonial y pastoral, y los estaba poniendo en práctica, creí que esa invitación podía ser de mayor beneficio para otro pastor o estudiante del seminario. Sin embargo, los planes del Señor eran distintos a los míos porque puso en mi corazón el deseo de inscribirme, junto con Gladys, en ese seminario de consejería bíblica. Quería ser obediente al Señor, pero también deseaba aprender "algo más" para el ministerio de consejería. Tal vez, dije, tienen otras "técnicas" u otros "métodos" o "estilos" que podríamos usar con lo aprendido en la universidad, seminario y en el Centro de Orientación Familiar de Costa Rica. Desde la primera clase me di cuenta de que el ministerio de consejería que nos enseñaba el Dr. Bruce Thompson, decano de la Escuela de Consejería y Cuidado de la Salud de la Universidad de las Naciones, era diferente, nuevo y refrescante. Era la Palabra y el consejo de Dios que me hablaba y que estaba perfeccionando la obra que había comenzado en mí. Si nuestro reencuentro con Él revitalizó y avivó nuestro ministerio pastoral y docente, con el seminario de consejería bíblica el Señor avivó y revitalizó el ministerio de compasión y exhortación que nos había dado. Ya para la última sesión del seminario de consejería bíblica, el Espíritu Santo estaba haciendo una limpieza completa del lugar que deseaba ocupar como su santo templo: mi vida. Fue algo maravilloso. Desde entonces, con el permiso del Dr. Bruce Thompson, estoy compartiendo esas enseñanzas dentro y fuera de la iglesia, en grupos o en consultas privadas. El propósito de Ministerios de Consejería Bíblica es simple: capacitar a pastores, líderes de la iglesia y laicos en el uso de la Palabra de Dios. Si con la ayuda del Señor logramos este propósito, estaremos "perfeccionando a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo". ¡Amén! |
-2006- |
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